La Cruz en las montañas (1808)
Friedrich realiza numerosas pinturas de paisajes de alta montaña. En estos, árboles puntiagudos representan a las almas, mostrándonos un animismo religios. A menudo se completan con cumbres escarpadas, en cuya cima hay una cruz. Son lugares de belleza inaccesible, solitarios o con un contemplador en primer termino y de espaldas, figura que permite al espectador y de espaldas, figura que permite al espectador meterse en el cuadro. La técnica de Friedrich tiene un carácter minucioso, trabajando el cuadro en diferentes etapas. El pintor trabajaba en un taller con ventanas situadas a gran altura, que permitían la entrada de luz pero no ver el paisaje. Primero realizaba un boceto a lápiz sobre el propio lienzo, después daba una aguada para buscar los efectos de luz y finalmente realizaba un acabado en óleo donde predominan los ocres. Todas las capas están perfectamente acabadas. La tensión interior del cuadro se encuentra muy marcada.
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